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Chistes de conejos

Chistes de conejos
Chistes de conejos
Chistes de conejos para reír.

Chistes de conejos

  • -Oye, ¿tú por qué estás siempre comiendo zanahorias? -Pues porque son buenísimas para la vista. -Y ¿cómo puedes estar tan seguro? -Hombre, ¿tu has visto alguna vez a un conejo con gafas?
  • En el Polo Sur vivía una pareja de pingüinos que no podía tener un bebé. Por ello, papá pingüino decidió hacer un viaje a Estados Unidos para buscar un bebé allí.
    Tras un largo viaje, llegó a Alaska, que tiene un clima frío. Lamentablemente, allí no encontró ninguna cría que llevarse a casa. No quiso rendirse y se fue a Miami. Allí tampoco encontró ninguna cría de pingüino. Así que tuvo que conformarse con un huevo de gallina.
    De vuelta al Polo Sur, al llegar a casa, le dio el huevo a su mujer diciéndole que pronto serían padres de un polluelo.
    La pingüina dijo que no le importaba lo que saliera del huevo. Lo cuidaría y lo querría como si fuera su propio hijo. Así que se sentó sobre el huevo para incubarlo.
    Tras unos días de incubación, el huevo eclosionó y el polluelo salió. Miró a su alrededor y dijo
    – ¡Po-Po…!
    Entonces su madre le contestó cariñosamente:
    -No, hijito, nosotros decimos: ¡Po-Po…!
    Y el pollito volvió a decir:
    ¡Po-po, por favor, enciende el calentador!

     

  • Un médico le dice a su paciente:
    – Las zanahorias son buenas para la vista.
    – Y eso, ¿Cómo lo sabe?
    – Muy sencillo, ¿Qué usted ha visto un conejo con gafas?
  • Una señora llama a la carnicería y pregunta:
    ¿Tiene orejas de conejo?.
    Si.
    ¿Y cabeza de cerdo?.
    Sí.
    Madre mía, debe usted ser un monstruo.
  • El conejo Serafín estaba rosa de tanto comer sandías. Odiaba las zanahorias, pero le encantaba esta fruta.
    Cuando se comía una sandía grande, enterraba las semillas, con la intención de que con el tiempo creciera una sandía aún más grande.
    Como las sandías tienen muchas pepitas, Serafín hacía muchos agujeros.
    Un día el granjero decidió que Serafín no podía seguir en la granja, ya que sus excavaciones en la tierra estropeaban las cosechas.
    Un joven mago que pasaba por la granja compró a Serafín y le dijo
    – A cambio de que salgas de mi sombrero haré aparecer todas las sandías que quieras.
    Desde ese día, el granjero, el mago y Serafín fueron felices.

 

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