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Chistes de ranas

Chistes de ranas
Chistes de ranas
Chistes de ranas que te darán mucha risa y querrás compartir.

Chistes de ranas

En un restaurante:
– Camarero, camarero, ¿tiene anillas de rana?
– Sí, señor.
– Pues vaya a la cocina y tráigame mi filete, por favor.


¿Dónde van los renacuajos para convertirse en ranas?
A Croacia


Este es un hombre que va a un bar y pregunta:
Camarero, camarero, ¿tiene anillas de rana?
El camarero le responde:
Sí.
Y él dice:
Entonces dé un salto y tráigame una cerveza.


Un viejito iba caminando por un parque cuando escucha una voz que le dice:
– Escucha, y mira aquí abajo, soy una hermosa princesa, especialista en los placeres de la carne, una horrible y envidiosa bruja me transformó en una ranita, pero con un beso tuyo volveré a ser una mujer ávida de compañía, hambrienta de sexo, podría hacerte el hombre más feliz de la tierra.
El ancianito miró a la rana, se agachó, la cogió con una mano y se la metió en el bolsillo.
La ranita pareció muy sorprendida por la actitud del viejo y le dijo
– ¿Pero qué, no me vas a besar?
Y el viejo le contestó:
– Mira… ¡A mi edad me hace más gracia una rana parlante que un maníaco sexual!


Un anciano paseaba por un parque cuando escucha una voz que le dice
– Escucha, y mira aquí abajo, soy una hermosa princesa, especialista en los placeres de la carne, una horrible y envidiosa bruja me transformó en una ranita, pero con un beso tuyo volveré a ser una mujer ávida de compañía, hambrienta de sexo, podría hacerte el hombre más feliz de la tierra.
El ancianito miró a la rana, se agachó, la cogió con una mano y se la metió en el bolsillo.
La ranita pareció muy sorprendida por la actitud del viejo y le dijo: “¿Pero qué?”
– ¿Pero qué, no me vas a besar?
Y el anciano le contestó:
– Mira… A mi edad me hace más gracia una rana parlante que un maníaco sexual.

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Un viejito caminaba por un parque cuando escuchó una voz que le decía
– Escucha, y mira aquí abajo, soy una hermosa princesa, especialista en los placeres de la carne, una horrible y envidiosa bruja me transformó en rana, pero con un beso tuyo volveré a ser una mujer ávida de compañía, hambrienta de sexo, podría hacerte el hombre más feliz de la tierra.
El ancianito miró a la rana, se agachó, la cogió con una mano y se la metió en el bolsillo.
La ranita pareció muy sorprendida por la actitud del viejo y le dijo
– ¿Pero qué, no me vas a besar?
Y el viejo le contestó:
– Mira… ¡A mi edad me parece más divertida una rana parlante que un maníaco sexual!